La bancarización es uno de los aspectos básicos e indispensables para la deducibilidad de costos y gastos. Para el año gravable 2026, las empresas enfrentan un reto doble: no solo deben cuidar cuánto le pagan en efectivo a cada proveedor, sino también controlar el volumen total de efectivo que la compañía dispersa durante todo el año.
Para que sus pagos en efectivo sean aceptados fiscalmente como costos, deducciones, pasivos o impuestos descontables, deben superar dos pruebas o filtros obligatorios. Si falla en cualquiera de los dos, el gasto será rechazado.
Este es el primer control (Parágrafo 2 del Art. 771-5).
Aun si todos sus pagos individuales corresponden a pequeñas cuentías (ej. $100.000), la suma total del efectivo utilizado para realizar pagos por la empresa en el año tiene un techo máximo. La norma establece que se aceptará como deducible el menor valor que resulte de comparar:
Lo anterior, deja en evidencia que una empresa no puede operar mayoritariamente en efectivo. Si su estructura de costos depende excesivamente de la caja física, es muy probable que supere el 35% de sus costos totales, lo que activará el rechazo de esos gastos por parte de la DIAN.
Es vital recordar que si un pago no supera estos filtros, el efecto es doble:
La convivencia de estos dos límites (individual y general) obliga a una política de bancarización total. No basta con fragmentar pagos para no superar las 100 UVT por persona; si la suma de esos pagos excede el 35% de los costos totales de una compañía, generando impactos tributarios que aumentan el nivel de tributación.
Para recibir asesoría o solucionar dudas relacionadas con el tratamiento de pagos en efectivo y su impacto tributario, le invitamos a agendar un espacio de reunión virtual con nuestro equipo comercial haciendo click en este enlace.